jueves, 24 de junio de 2010

Ducha Compartida

Habia pasado una noche muy rara. Habia tenido muchisimos sueños eroticos y eso jamas le habia pasado. Cada vez que se dormia despues de despertarse toda sudorosa y caliente se dormia de nuevo para volver a reencontrarse con aquellas bellas mujeres desconocidas que la hacian enloquecer de nuevo. No le gustaba masturbarse asi que al fin decicio irse a dar una ducha fria. Al entrar las encontro vacias, se extraño y enfado por un momento. Nego la cabeza y dejo la puerta entreabierta. Encontro una bañera redonda y al lleno solamente de agua, se metio de forma delicada y empezo a acariciarse el sexo y los pechos cerrando los ojos e emitiendo pequeños gimidos de placer.

Tras salir de nadar un poco en la piscina, caminó hacia las duchas con una toalla sobre el pelo y una sonrisa triunfal dibujada en los labios. Últimamente nadaba mejor que nunca y ser profesora de jóvenes tan bonitas, no hacía más que alimentar su ego. Se adentró en las duchas, al parecer vacías y se desprendió con avidez del bañador, metiéndose bajo el agua caliente de la ducha. Su cabello dorado se pegó a su cuerpo con delicadeza, cuando se lo retiró hacia un lado. Dejó que sus pensamientos fluyeran como el agua sobre su torso, pero algo perturbó su tranquilidad. Eran quejidos... Pero de un tipo agradable. Estoy de suerte, pensó y se asomó por la ducha buscando con la mirada, y allí la encontró. Sonrió mostrando la afilada dentadura y carraspeó antes de hablar. —¿No crees que deberías hacer eso en un lugar más discreto? Era bonita. Lo último que había imaginado en sus primeros días de clase era encontrarse algo como aquello. Río con ganas y caminó desnuda hacia el espejo de la pared, de espaldas a la joven. —Aunque no es que me importe —murmuró para sí misma, sonriendo con sorna. La miraba a través del espejo.

Al oir una voz a sus espaldas no pudo mas que sonreir. Al fin.
Por un momento dejo de manosearse y levanto sensualmente una pierna de la tina y se la acaricio. Miro al espejo disimuladamente y pudo ver a una hermosa mujer rubia totalmente desnuda. Sintio que la exitacion la invadia cuando se dio cuenta que era una profesora.

- Si le molesta paro... Señora profesora- exclamo teatralmente imitando voz de pena.

Alargó la mano hacia una de las limpia toallas y se secó el rostro, dejándola sobre la encimera de nuevo. Giró sobre sus talones y apoyó la espalda, cruzando las piernas. Rió aún más, de manera musical, era una risa de fumadora, ronca. —Oh, descuida, no es nada que me preocupe —sugirió y se volvió de nuevo hacia el espejo. Enarcó las cejas sin perder aquella sonrisa irónica y comenzó a peinar sus cabellos, frente al cristal. Sus ojos recorrieron la figura de la joven divertida, podía verla a la perfección, tal como ella podría ver su mirada contemplándola. Acercó su bolsa, y se vistió; únicamente con su ropa interior, ajustándola con delicadeza.

Contemplo a la mujer detenidamente. Cada gesto, cada movimiento, cada palabra que salio de su boca capto su atencion. Bufo llena de exitacion. Se puso en pie en medio de la bañera dejando que suaves gotas de agua cayeran por su cuerpo delineando cada una de sus voluminosas curvas y se giro para quedar de frente ante la mujer. Salio decididamente de la bañera y paso cerca de la rubia. Cuido de rozar su mano con el muslo de esta sensualmente. Finalmente se metio dentro de una de las duchas y prendio el agua para que esta saliera completamente helada dejando que cada gota le travesara la piel como si de un cuchillo se tratase.

Había terminado de secar su cabellera, sin desviar la mirada del punto fijo donde se encontraba; la bañera. Se arreglaba el pelo cuando la joven salió del agua, dejando ver sus suntuosas curvas. Su sonrisa se ensanchó por el lado izquierdo, se acercó al espejo, para pintarse los labios de un vivo rojo carmín. Sintió la mano de la muchacha sobre su pierna, como una caricia que pedía más. Eso hizo que la siguiera de reojo hasta que se metió en la ducha y riera para sí misma de nuevo. Era una lástima que las alumnas fuera intocables, al menos cara al profesorado. Fingió un suspiro pesado y terminó de pintar sus labios, aún en ropas menores. Aunque, tampoco la había visto en su clase nunca, al menos, aún. —¿Puedo saber su nombre, mademoiselle? —preguntó, alzando la voz y marcando la última de las palabras.

La agua le taladrava cada poro de su piel. Aun asi la exitacion seguia alli. Al oir la pregunta de la mujer sonrio.

- Jessica, Jessica Black. A sus ordenes profesora- exclamo con malicia la chica desde la ducha y a la vez que decia esas palabras posar su mano sobre su sexo. A pesar del agua estaba muy caliente.

- ¿Y el suyo?- pregunto poniendo especial enfasis en que la tratara de forma superior a ella.

Apoyó la espalda de nuevo en el lavabo y sacó un cigarro, aún viendo la prohibición de fumar frente a ella, lo encendió con un mechero tipo zippo, que hizo un chasquido metálico. Exhaló el humo hacia el techo, sonriendo. —Un placer, señorita Black —afirmó con voz profunda—. Puedes llamarme, Cindy. Estiró los brazos cansada por el día y se sacudió el cabello con fuerza, que cayó de nuevo revuelto por sus hombros. Retuvo el humo en su boca un instante, saboreandolo, pensativa en aquella muchacha. Desde luego, era curiosa. Rió con cinismo.

Paro el agua de golpe y el humo le llego pronto. Salio de la ducha totalmente mojada y con el cabello chorreante. Se acerco a la mujer sin ningun pudor y le cogio delicadamente el cigarrillo dando una profunda calada para despues dejar que el humo saliera lentamente de su boca. Dio otra calada y esta vez se acerco a la profesora para que quedara a unos diez centimetros de ella. Dejo ir el humo delante de la boca de esta y se lamio los labios que habian quedado algo secos. El contacto visual entre las dos era irrompible.

Fugazmente, la joven cerró el grifo de la ducha y caminando hacia ella, le robó el cigarro fumando de el, para luego, acercarse a ella y exhalar el humo muy cerca. Enarcó las cejas y posó la mirada en sus ojos sin moverse, por unos instantes. Cindy sabía que era extraordinariamente hermosa, con una larga y ondulada cabellera dorada, y unas pupilas semejantes a pálida azulita. Sonrió con aquellos labios enrojecidos por el carmín y cogió su cigarro, dejándolo en sus labios de nuevo. Deslizó sus manos con suma delicadeza por su espalda, saliendo de la encerrona riéndose, caminó hacia el resto de su ropa. Contoneó el cuerpo mientras sacaba sus cosas. Levantó la cabeza con aire provocativo, se aproximó a la joven y se inclinó sobre ella hasta poder percibir su respiración agitada. Su aliento, en cierto sentido, era dulce… dulce como la miel, mas a esa dulzura se mezclaba el tinte amargo, como el olor que desprende el pecado. —Eres muy atrevida, alumna, Jessica Black. Eso te meterá en problemas. Se apartó para volver a mirarse en el espejo, repasando sus labios con los dedos.

Gimio con algo de impotencia. Le estaba resultando muy divertido todo eso y a la vez dificil. Cuando la mujer hubo quedado de espaldas a ella se coloco tras ella con una sonrisa traviesa.

- Se que soy linda y que usted me desea, señorita- exclamo la muchacha- ¿a caso tiene miedo de acercarse a mi?

Oh, que deliciosamente provocativo sonaba eso. ¿Había detectado cierto tono de deseo? Era normal… incluso a ella le costaba mucho ocultarlo cuando hablaba con ella. Una sonrisa de picardía se asomó por sus labios, vistiéndose con algo de soberbia. Sin perder el más mínimo movimiento que hacía su insinuante cuerpo. Provocarla, solo quería provocarla. Si por ella fuera la arrastraría a hora mismo a las duchas, o cualquier lugar un poco más discreto, y le enseñaría lo que se consigue provocando a Cinthya Lover. Miró el brillo especial de los ojos de la chica, a través del espejo, la miró. —¿Miedo? —río—. No tengo razones para tenerlo, no yo al menos... Se volvió a encarar a ella, y dirigió una mirada de arriba abajo a su cuerpo, aún desnudo y húmedo.

Ante su mirada sonrio con picardia. Alzo la mano y acaricio uno de los voluminosos senos de la mujer. Noto como el fluido que hasta el momento se habia estado acomulando en su sexo bajaba un poco por la pierna. Cerro los ojos y se mordio el labio inferior. La lujuria la volveria loca.

Sin moverse ni un ápice, aún sintiendo la mano de la estudiante sobre su pecho, apoyó las manos en la encimera y sonrió; pero no era una sonrisa agradable, ni dulce, sino una llena de sarcasmo.
—¿Estás así con sólo tocarme un poco? ¡Guau! —rugió cínica, siguiendo una pequeña risotada—. De verás me mantengo en forma. Agarró su brazo con la muñeca y la hizo girar, hasta que la joven quedó apretada contra la pared, con la silueta de la profesora detrás. Difícilmente se zafaría de la atadura de su muñeca. Pegó los labios a su oído. —Esta mal hacer cosas así a una profesora —riñó en un susurro. Su voz tenía un timbre seductor, de dormitorio, como siempre hubiera acabado de despertar.

Rio sarcasticamente al oir las palabras de la mujer a su oido.

- Quizas...me merezco un castigo...-exclamo la chica sin nisiquiera intentarse zafar.

Sonrió sarcastica mientras atizaba su larga cabellera rubia. Le divertía tanto responder a sus insinuaciones, a sus movimientos. Necesitaba competir contra ella en aquel terreno y en todos, le tenía que demostrar su verdadera valía. —No pareces muy arrepentida, debes mostrar tu remordimiento —volvió a susurrar en su oído, más despacio. La respiración de la chica comenzaba a agitarse, y su pechó a henchirse de aire cada vez más cálido. Sonrió de medio lado y miró con ojos intensos el cuello de la estudiante, era tan apetecible. Pero no podría probarlo, no debía. Ahora no. Apretó la fuerza con la que la retenía contra la pared, casi violentamente.

Todo su cuerpo quedo aplastado contra la fria pared. Noto como sus pezones duros con la exitacion dolian contra la pared. Se mordio el labio inferior y dejo ir una media carcajada. No iba a decir nada. No iba a permitirle a la rubia que creiera que habia ganado en ese territorio. Dejaria que la mujer la torturara de la manera que quisiera, eso si, ella en ningun momento abriria la boca, no para quejarse.

Sus labios se cerraron, formando una apretada línea horizontal. Apartó la boca de su oído y deslizó una de sus largas uñas por la columna de la estudiante, dejando una pequeña marca de color rojizo. Del mismo modo que la había empujado contra la pared, hizo que girara, quedando ahora cara a ella. Posó una mirada dura en los ojos de la mujer. Sonrió, o más bien hizo una mueca, y se acercó a ella. Inclinándose levemente, pues era más alta que ella. —No seas tan osada, un castigo es algo que también has de ganarte. Deslizó uno de sus dedos por sus labios, pero no era una caricia, fue algo rudo. La soltó y se encaminó a terminar de vestirse. Le lanzó una toalla seca y sonrió. —Sécate, no vaya a ser que te enfríes. Abrió los ojos fingiendo sorpresa, y río con musicalidad, guardando sus cosas.

Sonrio orgullosa cuando la mujer la dejo y cogio la toalla al vuelo, no le sirvio demasiado ya que tenia la piel mas bien seca. Se la paso por el pelo y seguidamente se fue hacia las estanterias mas cercanas donde haba dejado la bolsa con la ropa limpia.

Rió al ver la actitud prepotente de la joven, en realidad, le recordaba un poco a ella, sobretodo en el aspecto orgulloso. Tomó asiento en la esquina de un banquete, para ajustarse los tacones correctamente. Recogiendo su bolsa, volvió a mirarse al espejo una vez más, y sonrió a su reflejo. Caminó en paralelo a las duchas, y apoyó el hombro derecho en las estanterías. Miró a la joven. —Me preguntaba, quizá te apetezca, ¿quieres tomar algo? —inquirió sonriendo cautivadoramente—. Invito yo, claro. Aguardó su respuesta con paciencia, aún apoyada allí y con la bolsa sobre el hombro contrario, mirándola con fijeza sin perder la sonrisa.

La chica la miro sonriente y con toda la astucia que pudo articulo las siguientes palabras.
- ¿Conoces algun lugar donde no vayan demasiado tus compañeras de trabajo?

¿Qué tal el Café du Ciel? Nunca he ido, además. Se limitó a sonreír, aguardando una respuesta, o simplemente partir hacia allí.

Sonrio de medio lado aun no del todo convencia y asintio. Miro el brazo divertida y se limito a negar la cabeza para dar una pasa en frente.

- ¿Me guias?

Asintió, y caminó detrás de ella. Guardó las manos en los bolsillos del abrigo, y tanteó en busca de su cajetilla de tabaco. Ahora que saldrían al aire libre, un cigarrillo era lo mejor que podía desear. En la calle, intentó recordar hacía donde se encontraba el café en cuestión, y no tardo en recordar las instrucciones que le habían dado un día antes. Asintió para sí misma, y emprendió el camino, dirigiendo una sonrisa a su acompañante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario